27 Octubre 2009 – 17:10 | by evasion
El balonmano y el futbol, como todos sabéis, son dos deportes que guardan ciertas similitudes en nuestro país. A saber: ambos son deportes de conjunto, -olímpicos para más señas-, congregan una buena parte de aficionados cada fin de semana, y en ambas disciplinas España ha cosechado últimamente buenos resultados. En el segundo hemos sido recientemente campeones de Europa, y en el primero, lo fuimos del mundo, además de ser los vigentes medalla de bronce en la última cita olímpica.
Además de estas pequeñas similitudes, guardan otras varias, entre ellas, y no menor, la de ser disciplinas en las que es necesaria la figura del entrenador, del “mister”, encargado de dirigir al equipo, y que en las buenas o en las malas acude a cada rueda de prensa a explicar las derrotas o a sacar pecho en las victorias.
Zaragoza tiene la suerte de contar, además, con ambas disciplinas en la máxima competición, y por tanto, cuenta con dos entrenadores en la élite de ambos deportes.
Uno de ellos es Mariano Ortega, el entrenador del CAI Aragón. Como jugador fue campeón del Mundo con España en Túnez 2005, Subcampeón de Europa en Italia 1998 y Suiza 2006, y campeón de ASOBAL en 2004 entre otros méritos sin importancia.
El otro es Marcelino García Toral, entrenador del Real Zaragoza. En su palmarés como entrenador cuenta con una clasificación para la UEFA del Racing, una campaña aceptable con el Recreativo de Huelva, y un ascenso con el Real Zaragoza a primera división.
El pasado sábado, Mariano Ortega, que debuta este año en la ASOBAL como entrenador, cumplió su octavo partido en la máxima categoría. Firmó su séptima victoria, a la que añade un único empate. Mantiene invicto al CAI Aragón y la próxima semana se jugará el liderato con el Ciudad Real, actual campeón de liga y de Europa.
El pasado domingo, Marcelino García Toral, uno de los entrenadores mejor pagados de la categoría, cumplió su octavo partido en la actual campaña de Primera División, donde ha conseguido dos victorias, dos empates, y cuatro derrotas. Entre ellas la que le encajó el Barcelona el mismo domingo por un humillante 6-1, tanto en el juego, en la actitud, como en el resultado.
El pasado sábado, en rueda de Prensa, Mariano Ortega tras haber vencido el CAI a Alcobendas de manera apurada –un equipo de la parte baja-, reconoció “haberse liado con los cambios” y que “tenía que seguir aprendiendo como entrenador”.
La prensa en pleno congregada aplaudió su sinceridad y como siempre, celebró que el CAI tuviera un entrenador de la talla personal y profesional de Mariano.
El pasado domingo, tras recibir el Real Zaragoza una paliza de esas que mandan a los aficionados blanquillos directamente a la cama sin pasar por la nevera; de esas que sufres toda la semana recibiendo la burla de esos clientes y amigos culés que nunca fallan a las finales de Copa a las que de vez en cuando llega el Zaragoza; de esas en definitiva que te molestan sobremanera, Marcelino García Toral se despachó con una rueda de prensa cargada de absurdas ironías que más sonaban a enfado adolescente que a explicación de quien cobra 400 kilos brutos anuales, y que a la prensa, a la afición, y a todo el mundo, molestó sobremanera. Sobre todo cuando ves a tu equipo y a tu entrenador han hecho el ridículo en un campo de fútbol.
Considerando que el caso de Mariano lo he visto repetirse en otros entrenadores que lo han sido todo en el balonmano, como Rafa Guijosa, Talant Dushjebaiev o Antonio Carlos Ortega… Y comprobando año tras año que contestaciones como las de Marcelino se repite en otros banquillos del futbol nacional, me pregunto si esto se debe a algún tipo de asignatura en el curso de entrenadores de estos últimos (no sé, tal vez “cómo hacer el ridículo en un banquillo” o “soberbia y vanidad, esas grandes virtudes”), o simplemente que el virus de la idiotez se propaga más rápidamente entre algunos colectivos, y el de entrenadores de fútbol es sin duda un grupo de riesgo.
Otra explicación, amigos, no la encuentro…
Eso sí, otro día, con más tiempo, jugaremos a las siete diferencias existentes entre los jugadores de fútbol y los de balonmano.
Esa comparación sí que es aún más odiosa….
SERGIO ESCOBEDO DEPRA